
Fin de año esa época en que nos propondremos nuevos retos (que cumpliremos o no) y que haremos el repaso del año que acaba.
Pero yo fuí más allá, me paré, e hice un repaso más íntimo.
Recordé como era antes de perder esa ilusión infantil en la Navidad, en fechas mágicas.
Y sobre todo los sentimientos que vamos perdiendo poco a poco y que deberíamos mantener vivos a pesar de los años.
Escuchar a esa persona amiga que nos abre los ojos sin ánimo de dañar sino de dar un toque de atención. No deberíamos perder la humildad, esa que nos dice que no tenemos la posesión de la verdad suprema.
Y me puse a pensar y acabé sonriendo casi sin darme cuenta.
Recordé cuando rebozaba mis labios de azúcar momentos antes de que mi madre tomará una cuchara para echarse el azúcar en el café.
Y me dí cuenta de cuanto tiempo hacía que no realizaba la travesura jejejejeje.
Cuantas cosas hemos ido aparcando para vivir como "adultos". Hemos dejado que la pena venza a la alegría. Hemos aparcado pequeños sueños por grandes realidades.
He sido feliz haciendo un recorrido por mis sueños infantiles, porque dentro de mi alma encontré ese crío feliz, sonriente, con brillantes ojos azules.
Descubrí que tengo ganas aún de correr por el bosque de la mano del hada de la casa de la montaña buscando pequeños elfos.
Siempre creí que hay duendes, escondidos entre los matorrales, y cuando algo se movía decía ahí hay uno.
Así que debemos seguir pensando como los niños, que los milagros son posibles, que nadie tiene la razón suprema, que debemos VIVIR.
Gracias mil gracias