
Como otras mañanas me escapé buscando al mar. No era la primera vez, cuando todo parece que me espera para darme fuerte, escapo sin dar explicaciones a nadie, porque la madrugada no pregunta.
Dirigí el coche a la playa, una playa larga, casi desierta, aunque sea muy muy temprano siempre hay alguien paseando o, como yo, escondiendose del mundo.
Esta vez sentado frente a las olas, con la fresca brisa golpeando mi rostro como si me abofeteara por haberme escapado de mis obligaciones laborales y hubiera corrido a pedirle un rincón de quietud. Con zapatos , sin importarme que entre arena, eso de llevar de zapatos jamás me pareció incompatible con pisar la arena.
Sin oirla llegar, sin asustarme su pregunta clara y directa, llegó ELLA a mi lado.
- es bonito el mar a estas horas, parece oscuro y sin embargo nos ilumina el alma
-si, es cierto. Nos aporta quietud su constante movimiento.
-puedo sentarme a tu lado?
-claro que si. Si algo tiene el mar es que acepta la compañía de todos.
Era como si siempre hubieramos compartido la orilla del mar. Ni se me ocurrió preguntarle por su nombre, ni preguntó por el mío.
-me gusta el mar porque su agua salada es capaz de esconder millones de lágrimas igualmente saladas.
-si, y hacerlas viajar más allá de donde jamás soñamos viajar. Unir lágrimas lejanas, pero vertidas todas desde el sentimiento.
-cuando muera me gustaría echaran mis cenizas al mar.
-para que viajen por todo el mundo????
-no. Para que cuando la persona que amo, venga aquí a llorar, por la persona que ella ame, pueda recoger sus lágrimas.
-y no te partirá el alma verla llorar????
-por supuesto, pero le acariciaré los tobillos con mis manos transformadas en espuma del mar.
No volvimos a hablar , solo miramos las olas, y el reflejo del nuevo sol que asomaba a saludarnos.
Me levanté y me giré para marcharme. Dos pasos sobre la arena y me giré para despedirme.
-entonces te veré cuando la muerte nos llame???
-si, entre olas estaré. Y no te preocupes si ella viniera y tu no estas. Yo le susurraré que viniste y volverás.